De los archivos del Pentágono a los cielos de México: la historia de los avistamientos que siguen sin explicación

2026-09-20 17:46:30 - MUNDO

Durante décadas, los ovnis fueron tratados como un tema de conspiraciones y cultura popular; sin embargo, la publicación de documentos oficiales en Estados Unidos ha confirmado que gobiernos y fuerzas armadas han investigado objetos o fenómenos aéreos que no pudieron identificar de inmediato.

México también tiene una historia propia de avistamientos, algunos de ellos captados en video e incluso registrados por personal militar. Y cada año, en la Plataforma Nacional de Transparencia, se registran cientos de solicitudes sobre ovnis y otros avistamientos.

La investigación oficial comenzó mucho antes de los archivos recientemente desclasificados. La Fuerza Aérea estadounidense creó programas como Project Sign, Project Grudge y Project Blue Book para analizar reportes de objetos voladores desconocidos.

Blue Book estudió miles de casos antes de ser cerrado en 1969. La conclusión oficial fue que no existían pruebas de que los fenómenos investigados fueran vehículos extraterrestres ni representaran una amenaza para la seguridad nacional.

Décadas después, nuevos programas volverían a poner el fenómeno bajo investigación.

Uno de los episodios más famosos de la ufología mexicana ocurrió el 11 de julio de 1991, durante el eclipse solar total que atravesó buena parte del país.

En Ciudad de México y otras zonas se grabaron objetos que algunos testigos describieron como discos metálicos suspendidos en el cielo. Las imágenes comenzaron a difundirse en televisión y luego aparecieron numerosas grabaciones de personas que aseguraban haber observado objetos similares.

El episodio se convirtió en uno de los casos más emblemáticos de México. No obstante, existen explicaciones convencionales para parte de las imágenes, entre ellas la posibilidad de que algunos registros correspondieran a Venus, que podía observarse con gran brillo durante el eclipse.

Otro de los episodios más conocidos ocurrió el 5 de marzo de 2004, cuando una aeronave de la Fuerza Aérea Mexicana realizaba labores de vigilancia en Campeche.

La tripulación reportó objetos detectados mediante sus sistemas de navegación y sensores infrarrojos. Las imágenes posteriormente fueron difundidas públicamente y generaron una enorme atención porque, a diferencia de muchos relatos de avistamientos, involucraban directamente a personal militar.

Las interpretaciones fueron diversas: desde objetos desconocidos hasta fenómenos convencionales. El caso se convirtió, sin embargo, en uno de los principales referentes de la discusión sobre UAP en México.

Durante la década siguiente, las cámaras que monitorean permanentemente al Popocatépetl comenzaron a alimentar otro fenómeno mediático: videos en los que aparentan aparecer objetos entrando, saliendo o desplazándose cerca del volcán.

Las imágenes provocaron numerosas interpretaciones sobre supuestas naves o bases dentro del volcán.

Pero aquí existe una diferencia importante: el hecho de que una cámara registre un objeto no significa que este sea un UAP. El volcán cuenta con monitoreo científico permanente del Centro Nacional de Prevención de Desastres y la UNAM, y muchas imágenes pueden corresponder a aeronaves, aves, insectos, partículas, efectos ópticos o elementos relacionados con la propia actividad volcánica.

Mientras Estados Unidos comenzaba a utilizar oficialmente el término UAP (Unidentified Anomalous Phenomena), los casos mexicanos volvieron a aparecer en documentales, investigaciones periodísticas y debates internacionales.

La diferencia es que el término "no identificado" no equivale a "extraterrestre".

Esa misma precisión aparece en los documentos estadounidenses: un objeto puede permanecer sin explicación porque faltan datos suficientes, porque los sensores produjeron información incompleta o porque todavía no se ha determinado qué ocurrió.

La desclasificación estadounidense dio otro paso cuando el National Archives comenzó a integrar registros UAP procedentes de distintas agencias federales. AARO, la oficina del Pentágono encargada de investigar estos fenómenos, también ha continuado publicando imágenes, videos y documentos.

Hasta ahora, las investigaciones oficiales estadounidenses no han presentado evidencia verificable de tecnología extraterrestre.

Lo que sí han confirmado es que existen fenómenos aéreos que, en determinados casos, no pueden identificarse inmediatamente.

México tiene una colección de casos que van desde avistamientos masivos, como el ocurrido durante el eclipse de 1991, hasta incidentes registrados por personal militar, como el de Campeche en 2004.

Pero la historia mexicana tiene la particularidad de que muchos de los casos más famosos provienen de grabaciones o testimonios que no han sido sometidos a una investigación científica pública comparable con los programas estadounidenses.

Por eso, hasta ahora, los archivos disponibles permiten afirmar que los avistamientos existen y que algunos siguen sin una explicación pública definitiva, pero no que México haya confirmado la presencia de naves extraterrestres.

Y ahí está, quizá, la parte más interesante del fenómeno, que después de décadas de secretos, filtraciones y teorías, la pregunta ya no es solamente si los ovnis existen, sino cuántos de esos objetos realmente son desconocidos y cuántos simplemente todavía no sabemos identificar.

Fuente: google.com
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